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El PIB, el indicador que quizás, no sé, tal vez, habría que revisar…

mayo 6, 2010

¿Verdad que nadie se tomaría en serio a una persona que midiera la felicidad de la gente según el número de zapatos que poseyera? ¿No es verdad que cualquiera le diría a esa persona que “hay cosas más importantes en la vida” y que los zapatos son una mera anécdota? Pues así más o menos estamos actuando todos, tal como lo veo, cuando nos arrodillamos y rendimos pleitesía al Santo Varón de los indicadores macroeconómicos: El PIB.

Si todas nuestras decisiones de economía política orbitan alrededor de un concepto falso, engañoso o simplemente desfasado, tal vez todo nuestro sistema está mal construido desde la base. En el actual capitalismo, el Producto Interior Bruto (PIB para los amigos) es el indicador macroeconómico principal, el que guía las políticas de los gobiernos, el que determina más que ningún otro el éxito o el fracaso de una sociedad. Pero… ¿qué es y qué mide exactamente? ¿realmente es el indicador más apropiado en el mundo globalizado y preecologista en el que vivimos? Creo modestamente que no.

El PIB se define básicamente como el valor final de todos los bienes y servicios producidos en un país o conjunto de países en un periodo concreto. Detengámonos en los conceptos, porque son tremendamente perversos.

El “valor final” es antes que nada algo filosófica y metafísicamente imposible de medir. En todo caso, si me apuran, será el precio final lo que refleje. Pero bueno, eso daría para otro post. El caso es que el PIB mide el resultado de un proceso, no el proceso en sí. Ya para empezar suena incompleto. Un ejemplo (teórico, pero real y realizable) de lo que la actual concepción económica contabiliza como crecimiento: un empresario X decide captar el aire de la atmósfera, que no “vale” nada, lo embotella, lo distribuye y lo vende al por menor a un precio (¿”valor”?) de 25 euros la botella. Eso en la concepción económica actual supone un aumento del PIB como un castillo. Se ha creado riqueza donde antes no había valor. Antes sólo había aire desinteresado y  sin dueño y ahora alguien nos facilita su acumulación gracias a que lo ha envasado. ¡¡¡Riqueza!!! ¡¡¡Aumento del PIB!!! ¡¡¡Los gobernantes, las bolsas, los inversores y los indicadores macroeconómicos todos se ponen palotes!!!

Qué gran falacia. Sobre todo porque como sólo se tiene en cuenta el “valor final”, es decir, el precio en el supermercado de este producto y la ganancia en la cuenta de resultados de la empresa, se olvidan aspectos esenciales de todo el proceso de producción que deberían restar “valor” al asunto. ¿Está contabilizada en alguna parte la pérdida irreparable que supone para todos esa usurpación del aire? Para fabricar las botellas se ha empleado plástico, elaborado a partir de petróleo que a su vez ha sido extraido de la tierra, donde se ha creado tras millones de años de “producción”. Nosotros lo extraemos como si fuera realmente nuestro, lo modificamos a nuestro antojo, utilizamos las partes que nos interesan y “devolvemos” a la naturaleza las que despreciamos y así con todo. ¿Todo este empleo de recursos acaso no debería ser contabilizado?

¿Acaso no debería restar en el PIB de Brasil, por ejemplo, que año tras año se deforesta una gran parte del Amazonas? ¿No es acaso una riqueza indiscutible ese inmenso pulmón natural? ¿No debería formar parte irrenunciable de cualquier inventario de la riqueza de un país? En nuestra gran teoría macroeconómica actual eso no tiene lugar. Lo único que cuenta es que esa madera que ha tardado siglos en crecer se vende a un precio, genera unos puestos de trabajo y unas industrias dependientes que hacen aumentar el PIB. Nada más. Creo que nadie discute que si nos cargamos recursos naturales que no se pueden regenerar eso debería restar en la “cuenta de resultados” de un PIB bien medido ¿no? Pues no es así en el actual sistema.

Los recursos humanos y naturales se dan por hecho en la teoría macroeconómica. No son variables, no se miden. Que la población de un país tenga difícil acceso a la vivienda, o  que un país tenga más kilómetros de costa que otro simplemente es irrelevante para los indicadores de riqueza agregada, siempre y cuando no haya una vía de negocio relacionada con eso. Ejemplo: que en España haya el doble de días de sol que en Alemania es una ventaja y una riqueza objetivas para los españoles. Nadie se atreverá a discutir esto, ni siquiera los alemanes. Sin embargo, eso nunca se reflejará como una riqueza para el PIB. Lo que sí medirá será, verbigracia, el peso del turismo de sol y playa en uno y otro país.

A lo que voy: que el PIB fue una herramienta útil durante un tiempo para permitir el desarrollo de las sociedades capitalistas. Creo que hay que dar un paso adelante y luchar por desarrollar uno o varios indicadores de riqueza más verdaderos y sobre todo, que reflejen los auténticos impactos de los procesos productivos. Si sólo tenemos en cuenta el “valor final” de nuestra economía nos cargaremos el planeta, empeoraremos las condiciones de vida de la población sin freno y sobre todo: estaremos buscando objetivos económicos EQUIVOCADOS. La economía no es la lucha por la obtención del beneficio. Esa milonga podía valer hace 200 años, ahora hay que evolucionar. La economía es la distribución de recursos más equitativa y justa posible; se trata de conseguir que la riqueza VERDADERA esté lo más repartida posible. El actual sistema de competencia individual, empresarial y estatal es la garantía absoluta de que por este camino no vamos bien.

PD: Acaban de salir los datos del PIB del primer trimestre de 2010 para España. Ha habido un aumentos del 0,1%, con lo que las autoridades se han apresurado a contarnos que ya estamos saliendo de la crisis… ¿La crisis no será más bien el drama de tener un 20% de paro y un 40% de paro juvenil?

Propuesta a vuelapluma para reducir el paro y el déficit y reactivar el consumo y la actividad

mayo 5, 2010

Este es el primero de una serie indefinida (a priori) de artículos, soflamas y pensamientos sobre la economía y la antieconomía. Ideas sueltas, esbozos de un simple aprendiz de esta pseudociencia. La idea de este blog no es que nadie saque conclusiones de estos pensamientos/ex abruptos, sino que es un mero almacén de ideas, un diario personal y antieconomico, por así decirlo.

Puede parecer irreal e irrealizable, pero desde hace días ronda en mi cabeza una posible (o imposible) solución para el mercado laboral y la crisis económica españoles. ¿Qué pasaría si redujésemos de forma general la jornada laboral a cuatro días semanales en todas las empresas de más de 50 empleados? Esa medida debería conllevar, si la economía de mercado funciona con los automatismos que siempre se enorgullece en proclamar, una reducción del 20% en los salarios y un aumento del 20% de la ocupación. Mataríamos de esta forma varios pájaros de un tiro:

1) Lograríamos una devaluación interna efectiva sin tocar ni tipos de cambio ni el valor del euro, ni nada de nada. Una reducción general de los salarios nos haría automáticamente más competitivos para exportar y atraería la inversión del exterior.

2) Reduciríamos el desempleo de forma notable. Al descender la jornada laboral máxima, harían falta más trabajadores para realizar el mismo trabajo. ¿Implicaría eso mayores costes empresariales? En principio no, porque al aumentar la productividad por empleado, se compensaría un eventual incremento.

3) Incrementarían el consumo y la actividad. Cierto que una reducción de los salarios en principio mermaría la capacidad de consumo de toda la población, pero como en este caso sería general, conllevaría casi automáticamente una reducción de los precios, por lo que en un plazo medio (el tiempo que tarde en ajustarse oferta y demanda) la actividad se revitalizaría ya que en realidad habría más asalariados, es decir, más personas con capacidad de consumo, ahorro e inversión.

4) Reducir el tan temido déficit público. Si un 20% de la población se pasa del desempleo al empleo, supone un cambio total de los ingresos y gastos del Estado: Se pasa de tener unos 4 millones de percibidores de ayudas públicas a unos cuatro millones de contribuyentes. Se podrán hacer todas las puntualizaciones que se quieran a este tema, pero parece claro que cuanto mayor sea la ocupación, menor es el gasto de las administraciones.

Cualquier crítica, aportación o mejora a esta propuesta será tenida en cuenta y añadida, llegado el caso…

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